Desayunamos a las 7 en Atapuerca y comenzamos a pedalear buscando la venganza de Carolina, que dio con su muñeca en las piedras del alto. Llovía finamente.

Pasado ese punto comenzamos a bajar hasta Burgos donde empezamos a buscar la tienda donde reparamos las bicis. Cambio de radio, rueda delantera y ajuste de cambio en la mía y ajuste y cambio de pedales en la de Paco.

Terminamos a las 12:30 y fuimos a tomar algo por Burgos. Llovía como por la mañana, así que las tapas y la tranquilidad estaba justificada, ya que teníamos que hacer tiempo. «La Mejillonera», unos cojonudos y un obús hicieron nuestras delicias gastronómicas.

Aún llovía y estuvimos todavía un rato pensando si salir o no. Finalmente sobre las 4 decidimos salir, pese a la lluvia. Tomamos la carretera ya que no era día de caminos, aunque la salida de Burgos sí la hicimos por camino, por no tener más alternativa.

Nos quedaban 40 kms para Castrojeriz y aunque la carretera nos desviaba mucho de nuestra ruta no quedaba más alternativa.

A mitad de camino nos cayó una enorme cantidad de agua, que al menos nos limpió parte del barro que llevábamos. Mucha agua.

Llegamos a Castrojeriz y buscamos el albergue de Resti pero estaba completo… suerte, porque dimos con el municipal, regentado por Bárbara, una hospitalera en su amplio sentido de la palabra. Cenamos en la taberna y estuvimos de charla con ella hasta las 11. Bárbara perdió a su tío y a un amigo de él en el accidente del tren de Palencia. Su tío llevaba antes el albergue.

