Desde las 6 a la hora a la que sonó el reloj estuvo lloviendo a cántaros hasta las ocho, por lo que decidimos alargar un poquito el sueño.

Salimos, no obstante, con algo de lluvia y las primeras horas nos cundieron bastante. Desayunamos en Mansilla, justo donde pensábamos dormir la noche anterior, justo cuando empezó a arreciar la lluvia.

Volvimos a parar en León, aprovechando un nuevo repunte de lluvia, donde Paco me iba a llevar a comer las famosas «pataticas» del Flechazo, pero estaba cerrado el bar.

El recibimiento no obstante estuvo a la altura de tan ilustres visitantes y la banda de música fue abriéndonos el paso hasta la Catedral. Seguimos y no paramos nuevamente hasta Villadangos del Páramo donde comimos.

Un bocadillo de tortilla después, decidimos no seguir por el camino ya que el barro y el agua hacían que la bici fuera muy pesada, así que tomamos la carretera y a buen ritmo nos plantamos en Astorga. Sigue lloviendo a ratos. Buscamos un hotel y tras una buena ducha nos fuimos a cenar.

