Nos dejaron en el hostal el desayuno preparado para poder tomarlo temprano. Segundo dÃa que bajamos ya a las 7 de la mañana directamente sin la chaqueta.
Aunque en la primera bajada nada más salir de Medinaceli hacÃa algo de fresco pero no daba para ponerse nada más encima. Tras la pronunciada bajada vino una subida casi de las mismas caracterÃsticas, esta vez por monte y por algunas zonas de camino roto. Ahà Luis perdió uno de los tornillos de sujeción de la parrilla de sus alforjas que tuvimos que reparar allà mismo. Suerte que llevamos tornillerÃa como para montar un mecano. En estos viajes siempre hay que llevar tornillos y tuercas de distintos tamaños y pasos, y muy importante: bridas grandes.
Pronto volvió el calor y todas las fuentes y rÃos eran pocas. Estábamos en los dominios del nacimiento del RÃo Henares, que está en la localidad de Horna, aunque no es fácil de ver, pero nos estuvo acompañando hasta llegar a Sigüenza.
Paramos en Sigüenza a tomar un bocadillo y algo de fruta, compramos los repuestos que habÃamos ido perdiendo por el camino: un botellÃn de agua y una cámara para Paco, y se aprovechó para cargar algo las baterÃas en el bar que nos recomendó un compañero ciclista, que también nos regaló un par de válvulas de repuesto para mi cubierta, que habÃamos usado dÃas atrás para la reparación de la rueda de Paco.
A partir de ahà cambiamos de rÃo. El Henares continúa en lÃnea recta hacia Moratilla y nosotros tomamos hacia la izquierda hacia Pelegrina, donde enganchamos el rÃo Dulce, que como su nombre indicaba, hizo nuestras delicias durante kilómetros y kilómetros de pendiente a favor, metidos en la senda del bosque, cubiertos de vegetación y librándonos del calor que caÃa a plomo unos metros más allá del camino.
Aún asÃ, en cada recodo que podÃamos nos metÃamos en el agua, ya sin tener reparo en mojar zapatillas, ropa o lo que fuese. Era eso o derretirse.
En Mandayona, aunque seguÃamos en la cuenca del rÃo Dulce, ya nos separamos un poco de su trazado, y paramos a refrescarnos un poco. Del bar donde estábamos empezaron a salir guardias civiles que parecÃa aquello un congreso, y nos empezaron a preguntar por nuestro viaje.
Nuestra idea era seguir el trazado que tenÃamos hacia Jadraque, porque en el destino original allà deberÃamos haber dormido, pero no habÃa alojamiento y lo alargamos hasta Pálmeces. Pero claro, en estas condiciones de calor extremo no tenÃa sentido hacer esa L, asà que uno de los Guardias Civiles nos abrió los ojos para que recortásemos casi 20 kms por carretera. Y eso hicimos.
No es que la carretera fuese un camino de rosas, al contrario. Un secarral con subidas y bajadas, sin una sombra y con un calor asfixiante.
Llegamos a Pálmeces, a la casa rural después de unos 80 kms.
EpÃlogo: Y aquà termina mi viaje. Tras estar sufriendo dos dÃas y tener por delante otros dos en las mismas condiciones de kilómetros y calor, decidà esa misma noche dejar ahà mi ruta y volverme a casa. Mañana saldremos juntos de Pálmeces, separaremos nuestros caminos y yo me dirigiré hacia Cogolludo, cerca ya de casa donde irá Carolina a recogerme mientras los demás seguirán su ruta como estaba previsto. No es agradable terminar asà un viaje, pero en estas condiciones no tuve otra opción.
Paco, José MarÃa y Luis llegaron a Burgos cuatro dÃas después, sin novedad.