Hoy hemos sido algo más aplicados con los horarios, a pesar de la paliza que llevábamos en el cuerpo, pero hemos dormido muy bien. Estamos encantados con los algecireños, su trato es especialmente agradable. Gracias.
Salimos sobre las 9 y media a pedalear aunque lo primero que hicimos fue dar una vuelta por el centro para ver el barrio de San Isidro y la Plazuela del mismo nombre. Para salir de la ciudad tuvimos que poner el navegador porque incluso sabiendo la dirección hacia la que tenÃamos que ir, las intrincadas calles y callejones nos complicaron la salida.
Pero por fin tomamos ruta hacia Los Barrios. Allà seguimos el trazado de la etapa de Algeciras-Jimena de la Transandalus, por una buena pista de tierra que aunque nos hizo dar una vuelta algo innecesaria pero que mereció la pena. A continuación empezó ya la montaña de verdad, con la subida de dos puertos seguidos, no muy largos, pero que ya nos dejaron las piernas calentitas.
Tras la bajada del segundo, ya en la carretera que lleva hacia Castellar, paramos en una venta para repostar combustible, con forma de huevos fritos con patatas, que vinieron de lujo para afrontar lo que nos quedaba aún por delante.
El carril bici de la carretera se nos quedó pequeño, y decidimos subir un poco más la apuesta, y tras visitar Castellar de la Frontera decidimos subir al Castillo de Castellar, que no es un castillo que este en el pueblo, sino otro pueblo que está en todo lo alto y que se llama asÃ, porque es una ciudad fortaleza amurallada.
Todo lo que costó llegar arriba se olvidó cuando llegamos y visitamos la fortaleza. Un pueblo bonito de verdad. Allà hicimos una última parada para tomar un café y seguir ruta de nuevo hacia la carretera que habÃamos abandonado hacÃa un par de horas, aunque un poco más adelante, ya casi cerca de Marchenilla.
ParecÃa que llegar a Jimena serÃa un paseÃto, pero se empezó a hacer tarde, soplaba un viento en contra bastante molesto y el camino tampoco ayudaba, porque habÃa cada vez más barro, y lo que al principio se solucionaba bajando de la bici y pasando con cuidado de no pringarnos demasiado, se tornó en casi imposible. Necesitábamos una escapatoria hacia la carretera, pero no era fácil, habÃa que vadear el rÃo que nos separaba de ella.
Al final, tras encontrar una gran zona de barro insalvable, decidimos volver un poco hacia atrás y vadear el rÃo por el último paso posible, eso sÃ, metiendo las zapatillas en el agua, y con cuidado porque la corriente era fuerte.
Seis kilómetros más allá estaba Jimena, que nos esperaba en la falda de la montaña, blanco y alargado. La puntilla de la ruta fue la subida hasta el pueblo, un poco agónica ya por el cansancio que acumulábamos.
Un poco complicado, pero si os merecio la pena ese es el valor del pueblo, un abrazo chicos guapos