Hoy empiezan las emociones fuertes, tras tres días de calentamiento de piernas y de lo que no son piernas, la etapa de hoy deja el nivel del mar, que hemos estado rontando entre los 0 metros y los 60 metros como máximo. Hoy nos adentramos en la Sierra Norte de Sevilla y empieza a picar para arriba sin piedad.

Aunque eso será después de unas cuantas aventuras. La primera la lluvia, que anoche ya estuvo haciendo acto de presencia a ratos toda la madrugada, pero que empezó a caer fuerte a las 7 de la mañana. Mientras haciámos algo de tiempo buscamos un sitio para desayunar en Guillena tras abandonar el albergue, pero en ese corto camino de unas decenas de metros nos dio tiempo de retorcer la cadena de Carol, doblar el desviador trasero y sacar de su eje la roldana baja del cambio. Todo un logro solo al alcance de unos pocos.

«Alguien», o nosotros mismos sin darnos cuenta, a saber, había bajado todos los piñones de la bici, dejando la cadena completamente cruzada. Al intentar pedalear se salió del sitio y pensábamos que era el plato, pero no. Resultado cadena completamente hecha un 7.

En el bar donde paramos a desayunar y reparar nos dicen que hacía 5 minutos se acababa de ir el mecánico de la tienda de bicis. Me acerque a la tienda para ver si estaba por allí: nada. Lo llamaron para ver si podía venir: nada. Así que empecé con el proceso de reparación con los medios que tenemos, cambiar un trozo de cadena por otro que siempre llevo de repuesto.

Cuando ya tenía la cadena desmontada apareció un personaje nuevo en escena que vino directo a nosotros a preguntarnos si estábamos buscando al mecánico, que acababa de hablar con él hacía un momento. Lo llamó y allí que fui con la bici medio desmontada para cambiar la cadena, y menos mal, porque efectivamente el desviador hubo que enderezarlo y la roldana cambiarla.

A todo esto seguía lloviendo a ratos, y cuando terminamos y arreglamos todo salimos en dirección a Castilblanco de los Arroyos. Como el viento se estaba llevando las nubes en nuestra dirección, decidimos tomar carretera hacia Burguillo, acompañados por un viento que nos ayudó todo el camino hasta Castilblanco.

Allí empezó a llover otra vez a mares, y nos refugiamos en una venta a la entrada del pueblo. El agua corría como un río por las calles. Esperamos un claro y nos metimos detrás de la nube que seguía el mismo camino que nosotros hasta Almadén de la Plata.

No nos volvió a llover más, y toda la subida hasta Almadén la hicimos cómodamente. Lo que nos saltamos también hoy es la subida del Calvario, que ya como broma estuvo bien aquella vez en 2004.
