Tras las dos caóticas etapas de los últimos dÃas hoy volvemos a la normalidad. De entrada nos levantamos a nuestra hora, desayunamos sin novedad y salimos a pedalear casi como si fuésemos gente normal.
Nos quedan por delante casi 90 kilómetros de ruta, atravesando pequeños pueblos de la provincia, algunos prácticamente desconocidos, otros, poblados o diseminados.
Pero los kilómetros caÃan con facilidad, no habÃa grandes subidas, y la altitud iba disminuyendo a medida que iban aumentando los kilómetros.
Cuando Ãbamos buscando ya un lugar para parar a comer, estuvimos a punto de salir por la puerta grande. El GPS nos jugó una mala pasada, y nos metió en una finca que casual y desafortunadamente tenÃa la puerta abierta de par en par. Tanto que ni siquiera vimos la puerta. Era una finca taurina llamada «La casa de los toreros». Nada nos hizo sospechar que estábamos en una propiedad privada del Marqués de Domecq, y a nuestro paso Ãbamos viendo un coso aquÃ, un tentadero allá, unos edificios bajos de salones para toreros… pero nuestro camino seguÃa expedito y nada ni nadie se oponÃa a nuestro involuntario allanamiento.
Buscando la salida, encontramos a un hombre con un tractor, al que incluso saludamos a nuestro paso, pero que tampoco nos puso pegas para seguir, aunque se quedó un poco pillado a nuestro paso.
Ahà tuvimos la duda de si tomar por el camino de la izquierda o por el de la derecha, pero en el de la derecha habÃa un tÃmido cartel de «Propiedad privada» asà que no habÃa duda… Ãbamos bien. O no.
El camino de la izquierda nos guardaba la sorpresa final. Tras pasar un paso canadiense libre y abierto, Carolina esbozó un «oh, oh»… y si, delante nuestra habÃa como una docena de animalitos negros, con cuernos y pinta más de toros que de vacas.
Ya de vuelta, porque nos dimos la vuelta, el señor de antes nos pregunto, ahora sÃ, que cómo habÃamos entrado, que todo eso era propiedad privada. Asà que nada, vuelta atrás, y a empezar, esta vez rodeando toda la finca, que nos regaló unos 10 kilómetros más de ruta que no estaban previstos.
Tras encontrar una venta para comer, volvimos a tomar camino para, ahora sÃ, prácticamente no parar hasta entrar en la capital gaditana, lugar de partida y fin de viaje.