A las 7 suena el despertador, la mañana dura lo que dura el trayecto entre la cama y la ventana para comprobar que está lloviendo. Vuelta a la cama.

Poco puedo dormir ya, pero Carol además tiene un tremendo dolor de cabeza. La lluvia no estaba prevista hoy, pero ha cambiado todo durante la noche. La previsión es que sobre las 8 y media pare un poco, así que vamos recogiendo y preparándonos para salir sobre esa hora.

Todavía tenemos que desayunar, pero cuando salimos vuelve a empezar a llover y nos da justo para buscar un sitio donde tomar un café y comer algo. No tenemos nada hasta Villafranca de los Barros, así que hay que alimentarse, y el jamón de la zona para desayunar es una maravilla.

Salimos y volvió a ponerse a llover, tanto que nos tuvimos que poner a resguardo de nuevo. Las 10 de la mañana y no hemos salido de Mérida. Con el jaleo de la salida resulta que vamos al revés, pero como no puedo ni mirar bien el movil no me doy cuenta hasta que estamos resguardados de la lluvia.

Volvemos hacia atrás y comenzamos la ruta hacia Los Santos de Maimona, primer pueblo de la etapa que está a unos 10 kilómetros de Zafra. Seguimos ruta y sigue chispeando a ratos, pero casi no nos modifica ya el ritmo. Eso sí, los pasos de las nubes dejan ver el sol y lo tapan todo el tiempo, lo que hace que tengas frío o calor también.
Así llegamos a Villafranca de los Barros, con mucho barro y agua por el suelo, que hizo que tuviésemos incluso problemas mecánicos en los cambios, pero pendiente favorable, y allí compramos algunos productos de la zona para comer en algún sitio por el camino: algo de pan, chorizo, salchichón… todo vegano.

Y de nuevo a la pista. Recordábamos aquella trampa de barro… porque quién iba a pensar que Villafranca de los Barros se llamaba así porque es Tierra de Barros, en la que nos metimos Paco y yo en 2004 cuando nos salimos de la pista principal y tomamos ese camino que nos dijo aquel policía en el pueblo que no cogiéramos porque había mucho barro. Terminamos los dos arrastrando la bici hasta Almendralejo, fuera de ruta, para buscar una gasolinera para limpiar las bicis y poder seguir.

Justo a esa altura, la de Almendralejo, paramos en medio de la pista entre viñedos y olivos para comer lo que habíamos comprado en el pueblo. Lo único que pudimos encontrar fue un pozo de agua de riego donde nos sentamos a modo de banco, y que fue un lugar perfecto. Costaba llegar porque estaba todo lleno de cardos, pero una vez arriba era ideal. (nota para mi madre: el pozo tenía tapa, no había peligro)

Este año ese supuesto desvío o no estaba o estaba arreglado y convertido en nueva pista, pero no tuvimos más problemas. Así llegamos a Torremejía, a eso de las 5 y media donde decidimos que aunque llegásemos tarde seguiríamos hasta Mérida.
Amenazaba un poco la lluvia, pero lo que nos quedaba era todo por carretera, cuesta abajo y con el viento no demasiado en contra. A las 7 en punto entramos en Mérida, ya con alojamiento y paramos para comprar algo para la cena y no tener que salir del apartamento, que ya era muy tarde y no nos iba a apetecer.
