Hemos amanecido en Irún desde donde parte nuestra nueva aventura. Paco y José María llegaron en avión desde Barcelona y yo viajé desde Madrid en autobús.

Hoy toca diana a las 7:00, para salir a las ocho. La etapa de hoy es corta y no hace falta el madrugón, además hay que ir acostumbrándose poco a poco.


José María nos ameniza el despertar con una bonita poesía, algo adaptada al momento. «Caminante, no hay camino, sino tapas en el Bar». En clara alusión al atracón de pintxos que nos dimos anoche en Hondarribia.

La ruta de hoy, casi toda por carretera, no tenía apenas complicación, aunque hemos subido Jaizkibel, Igueldo y la última parte de la etapa, con monte cerrado y algo incómodo. Nos llovió justo llegando a Orio.

Poco antes conocemos a José María, un peregrino que vive al pie del camino, y que ofrece a los peregrinos agua, ánimos y ayuda.

En Orio, llegamos al albergue, donde nos atiende Rosa, como si fuéramos de la familia y nos cambia los planes de la ruta de mañana. Bajamos al pueblo, primero a terminar de comer y más tarde para cenar. Un besugo a la parrilla nos estaba esperando en el Xixario. Algo caro, pero merecía la pena.

