Desayunamos en el monasterio y antes de las 8 ya estábamos en marcha. Los caminos estaban mojados por la lluvia de la noche anterior y las piedras muy resbaladizas, aun así es la única forma de salir del monasterio sin dar la vuelta, y nos metimos en un bosque muy bonito aunque muy embarrado.

El resto todo carretera, incluso de más ya que para no arriesgar por camino hemos dado alguna que otra vuelta.

José María por la mañana perdió el Walkie. Le preguntó incluso a los monjes si lo habían encontrado.

La llegada a Bilbao fue la guinda, antes había que ganarse los pintxos, así que estuvimos dos kilómetros empujando la bici para pasar el monte.

Después de comer buscamos el albergue. Un edificio de siete plantas donde como era previsible hubo juerga juvenil por la noche. Salimos por la noche a tomar más pintxos y a ver el Guggenheim y la ría.

