Ayer tocó tarde de reparaciones en la bici: cambio de pastillas de freno y cambio de la cámara trasera que traÃa un pequeño pincho que me obligaba a hinchar de vez en cuando la rueda. Durante la etapa de ayer estrené mi nuevo inflador automático que me regalé hace poco. Y la verdad es que muy bien, a pesar de que no le tenÃa mucha fe, el gasto de energÃa que te ahorra inflando la rueda es impagable.
Asà que después de desayunar, con todo listo salimos a recuperar los 10 kilómetros de ayer. Ha amanecido frÃo, unos 6º, pero pronto el sol empieza a pegar, hoy llegaremos a los 21º.
Pronto nos damos cuenta de lo bien que hicimos en parar en Guardo, porque tras unos kilómetros por carretera sin mucho desnivel, el camino sale a la derecha y nos mete en un absurdo bosque pegado a la carretera, pero sin posibilidad de volver a ella, y con un camino que cada vez se hacÃa más impracticable e incómodo. Tiramos de la bici por senderos estrechÃsimos, cubiertos por vegetación e incluso por árboles, que impedÃan que pudiésemos pedalear sin engancharnos.
Perdimos ahà un tiempo precioso, y demasiadas energÃas. Asà que llegar a Puente Almuhey no ha sido tarea fácil. Pasado Tarantilla volvemos a tomar la pista que nos lleva a las Lagunas de San MartÃn, que son dignas de ver, y que de haber pasado por aquà en verano nos hubiésemos dado un chapuzón sin dudarlo.
Tras San MartÃn de Valdetuéjar, porque llevamos el rÃo Tuéjar a nuestra derecha, llegamos a Renedo de Valdejuéjar, un precioso pueblo amurallado, con unas edificaciones muy interesantes.
Y un poco más adelante, en Otero de Valdetuéjar, tras un buen rato por carretera volvemos al camino, en dirección al Santuario de la Virgen de la Velilla, un majestuoso complejo en medio de la nada, al pie del Collado de la Bodeguina, que nos espera para arrebatarnos las escasas fuerzas que tenemos hoy.
Nada más salir del Santuario, la pista se empieza a endurecer, y poco a poco se va transformando en un sendero cada vez más difcil de transitar. Las primeras rampas las vamos superando no con poca dificultad, pero cada vez las fuerzas van menguando y se nos hace más difÃcil. En ocasiones tenemos que subir una bici entre los dos y volver luego a por la otra, porque algunos tramos de subida son imposibles.
Cuando ya no nos quedaban más fuerzas, llegó el final de la subida, superando ya los 1300 metros de desnivel. Después de la gsubida grande, cuando ya parecia que todo habÃa acabado, aún faltaban tres dientes de sierra que aún nos machacarÃa más. Todo trufado por cientos de moscas pesadas que nos perseguÃan en nubes.
Por fin llegó la última subida y comenzamos la larga y pronunciada bajada hacia Cistierna. El freno trasero de Carolina empieza a dar signos de flaqueza, asà que decidimos cambiar las pastillas de freno antes de que fuese demasiado tarde.
Cuando llegamos a Cistierna, cansados, hambientos y sedientos, decidimos hacer allà fin de etapa, asà que hoy acumulamos ya algo más de retraso. Ya hemos decidido ampliar un dÃa más la ruta, asà que sin problema.