Etapa 9.- Cáceres – Galisteo

Siete de la mañana. Llevo media hora despierto. Hoy si, hoy salimos a buena hora.

Empezamos a recoger mientras preparamos el desayuno, aunque ya anoche hicimos casi todo el trabajo. Vamos bien.

Y cuando Carol estaba tocando su bici para moverla escuché un lamento en la habitación: «no he cargado la batería». Todo se vino abajo, tenía apenas un cuatro del último día, pero el cambio de rutina nos descolocó por completo y nos olvidamos de todo lo que hacemos cada día como un ritual.

La etapa de hoy es dura y larga, así que algo tenemos que cargar. Mientras esperamos atendernos algunos emails atrasados, voy a sellar al centro, vemos un poco la tele… Al final salimos a eso de las diez con media carga de la batería de Carol. Esperamos que sea suficiente.

Nada más salir vimos que la cosa se complicaba todavía más, ya que un viento fortísimo nos va a acompañar toda la mañana. La etapa comienza bajando y tenemos que pedalear como si fuéramos subiendo.

Pasado el Casar de Cáceres la pista que traemos se convierte en senda y vuelven las puertas que hay que abrir y cerrar a nuestro paso. En este primer tramo hasta Cañaveral nos encontramos con dos parejas más de ciclistas, que vamos casi al mismo ritmo.

Llamar «tramo» a esto es un poco justito, ya que hay 30 kilómetros sin nada en medio, y cuando digo nada es nada más que piedras y más piedras, vegetación y muchos animalitos.

Y peregrinos , que nos encontramos bastantes a pie. Esta etapa hacerla andando es muy dura. Antes de llegar a Cañaveral, que se hace eterno cruzamos el río Almonte que va hasta arriba y el Tajo, igual y ambos llenan el embalse de José María Oriol que nos acompaña durante un buen rato del camino.

En Cañaveral buscamos nuestro bar fetiche, el Delfi, donde en 2011 nos tomamos la mejor cerveza de nuestras vidas Paco, José María y yo, un día de calor, sin agua y agotados, casi como llegamos hoy. Comimos algo ligero para seguir hasta Galisteo.

El viento no para, y el camino se hace cada vez más complicado, pero más bonito,todos entre campos de flores silvestres, encinas y alcornoques.

Carol lleva economizando motor desde que salimos y la jabata se está haciendo a puro pulmón casi toda la etapa. Llegando a Galisteo, en la última rampa se quedó definitivamente seca.

Llegamos a destino a eso de las 8 fundidos pero felices. Mañana más.

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